Me gusta Madrid porque es una ciudad totalmente liberal. Puedes ir con el pelo rapado, con una bolsa de basura como ropa y unas Dr. Martens amarillo fosforito que la gente ni te mira, ni te juzga, ni se ríe de tí... Hay ropa que me compro en Madrid y que al llegar aquí, a mi ciudad, no me pongo porque me de vergüenza. Y esque en Madrid hay todo tipo de personas. Personas gordas, flacas, guapas, feas, altas, bajas, negros, blancos... Pero nadie te juzga ni por cómo eres ni por cómo vistes. No como aquí, que hay una superficialidad tremenda y si no vas como todos los demás te miran mal.
El día se me pasó muy rápido. A pesar de que diluvió y de que mis Ugg se mojaron, el viaje mereció la pena. Fui con mi madre en tren, yo en preferente y ella en turista-
jaja- y al llegar me fui con mi prima mayor Elisa a ver unas cuantas tiendas. Entré en la tienda
Aigle y vi unas katiuskas ideales, eran amarillas. También ví unas botas preciosas, de estilo militar que se llevan ahora y estuve a punto de comprarmelas pero al final no lo hice porque no me veía mucho con ellas. Luego fuimos al
Mercado que estaba llenito de tiendas vintage. Tampoco compré nada. Después de pasear un rato y de que empezara a llover nos fuimos a comer al
Rey de los tallarines- un chino muy bueno- mi prima, su novio y yo. Y luego nos fuimos a tomar un café a un bar que no me acuerdo del nombre-
!Me abrasé la lengua¡-. Después de comer fuimo a unas cuantas tiendas más- mi prima y yo solas- en las que no encontré nada y finalmente fuimos a
H&M. Me quedé estupefacta cuando entré porque la tienda estaba hecha en un museo y tenía tres plantas. Después de recorrernos las tres plantas de cabo a rabo acabé llevandome dos pares de medias, unos vaqueros y una camiseta. Me quedé un poco triste porque quería comprarme una chaqueta, una americana y una falda negra pero al final no lo compré. Cuando salimos parecía que había caído el diluvio universal e intentamos llegar hasta
Zara. Allí ya era el caos total. La ropa estaba por el suelo, había muchísima gente... Total que fuimos a ver otras tiendas y nos comimos un panecillo con chocolate riquísimo en
Le pain cotidien. Luego fuimos a buscar a mi madre, que había estado comiendo con unas amigas, y fuimos a una tienda llamada
Zapp. Ahí encontré por fin mis queridas botas militares que tanto quería y me las compré. Luego fuimos a ver más tiendas. Fuimos a
The Nice Things, donde me compré un cinturón monísimo. Y por último fuimos a
Yube, que había muy poca cosa. Y aquí se terminó mi jornada. Que fue cortita y solo compré cinco cosas, pero mereció la pena (sobre todo cuando vi a dos chicos guapisisisiisismos en el metro).